lunes, 20 de septiembre de 2010

Verano Inexpugnable


Que deliquio el que cae sobre mí…
La lluvia ni escandalosa ni suave,
ni cesante ni férvida intuí.
Ya sólo de liviana vuela el ave
como de vacuo el cuerpo mío rompe;
y pálido, se frunce y se deshace…
El piso suena, suena y se corrompe
la paz mía, mi calma… “Aquí yace
un caballero noble, quien entiendo
haber venido triste a este paraje
por ver de nuevo el rostro, sucumbiendo,
de su sublime amada…” ¡Oh pasaje
que trajiste al testigo de mi suerte!
¡Oh dolor de un verano inexpugnable!
El deliquio que turba hacia la muerte,
que llegó de repente, e inefable,
es por ella, al mirarla allí abajo
llena en flores y fúnebres ropajes…
Y este hombre, quien viene cabizbajo
y comenta de mí, ¡oh personajes!,
es su hermano… ¿Acaso siento el frío?
¿Acaso se semejan mis pesares
a los de alguien herido en un sombrío
desastre? ¡Ah! llevadme a inmundos mares,
llevadme inmunda selva, que ¡ay!, fallezco…
Ya, sólo Dios lo sabe, si en sus valles
reposará con él… ¡Oh Dios! ¿Merezco
perderla? Llévame a ella… ¡No me falles!

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Allende