viernes, 27 de enero de 2012

A mi Madre

Cual Níobe clemente que a los dioses suplica:
“¡Tan sólo uno dejadme!”, por sus hijos llorando,
así mi madre sufre y su voz sacrifica…
¡Un llanto milenario derramara enlazando
entre su piel la flecha que mi vida complica!
Gentil su compostura deja ver meditando
mientras vigila el barco de mi existencia pálida,
brindando un rayo fértil con su mirada cálida.

Su tez vale los lirios, y laurel su corona;
sus rizos poco a poco nevados, cristalinos,
su fuerza atestiguan, y su luz, querendona,
entre tinieblas crudas despliega haces divinos.
Su pecho es fortaleza que temiera burlona
la emperatriz del miedo… ¡Oh miedos diamantinos!
Así, mi madre alienta mi espíritu dolido…
¡Mi madre pacifica la angustia de mi olvido!

miércoles, 11 de enero de 2012

A Su Debido Momento

Ya hoy… Cualquiera ha escuchado
la voz que emana incomprensible,
la voz que nunca han descifrado.
Aquella, libre e irresistible.

Alojada en su fin de estrellas
al oído agudo encanta.
Produciendo al clarín centellas…
cual desdén con furor espanta.

Ninguno disuelve el cortejo:
a un muñón del cuerpo, incentiva.
Al niño, al joven, al viejo,
a cualquiera muerde o motiva.

Comprendo su fin: melodía…
melodía al blasfemo son.
Recuerdo el por qué no reía:
es la voz la fatal canción.

Ansias VI