domingo, 22 de junio de 2014

Sublime





–Tan majestuosa vuela sobre ablandada nube
como del cielo cae y del infierno sube
querube reluciente, un semidiós antiguo,
y llamas y destellos de este lugar ambiguo
mientras renacen lilas, mientras reviven sueños,
mientras recibe el cielo angelicales dueños…
Tan majestuosa brilla, tan majestuosa vuela
y despidiendo dones sobre los rostros vela
un gesto de dulzura, de efusión y nobleza…
¡Un gesto de ternura, gratitud y riqueza!
Estandarte sagrado en puertas celestiales
sorprendidos, curiosos los ojos terrenales
admiran encantados sin siquiera notar
que sienten primorosa la corriente de amar.
Tan majestuosa mira, tan majestuosa danza...
Tal sensación respira quien conoció la lanza
incrustada en su pecho cuando al fijar el porte
distingue en lo apartado lo que exigiera un deporte:
¡La famosa cadena que sujeta en su mano
extendiendo la patria de un reinado lejano!
Tan majestuosa entonces frente a mis ojos brillas,
y vuelas bella mientras que en tus claras mejillas
y en tus labios rojizos, y en tus rubios cabellos
dibujarse presiento enriquecidos destellos…
Tan majestuosa entonces admiro en tus pupilas
la infinita dulzura que escondes y desfilas
para aquel quien tuviese el lujoso lugar…
¡Y yo aquí esperando que me puedas tomar!

lunes, 9 de julio de 2012

Canto a un Cuerpo Vacío


El paso apuraba, indeciso
cual corcel veloz y doliente
que corre a la par e inconsciente
de un viento frío y castizo.

La luz semejaba un castigo
misteriosa y vil le llamaba,
el frío de la noche amaba
¿y por qué no amarlo contigo?

Sudor y cansancio deshizo
cual corcel veloz y doliente
que cargara a un ser inconsciente
a la par de un frío castizo.

domingo, 22 de abril de 2012

¿Por qué será?

Una Reflexión... Sólo eso.

Hubo un día en el que quise mirar a lo alto,
ver de nuevo las estrellas, el sol, las nubes,
aunque fueran por separado, pero no fue así.
Hubo un día en que quise tocar los árboles,
sentir su corteza, aunque fuera robusta o delicada,
pero no fue así.
Hubo un día en que quise que todo estuviera divido,
que volviera a ser independiente.
Un día quise dejar de mirarte, mi querida, pero no fue así.

miércoles, 11 de abril de 2012

Por su Efigie Aún Quema


El ave que posaba allí, cual encanto,
de su voz y su lira ya no suenan
las promesas, misiones que envenenan,
el vívido alabar, su canto santo.

El velo de la noche, el sol y el manto
de azuladas y grises nubes frenan
las siluetas vagas… Huyen, penan,
y el beso y emoción auguran llanto.

La penitencia del viral desierto
sellaron el altar con cual vencía
de adulación a frustración lo incierto.

Volcara una sutil anomalía,
pero jamás por eficaz acierto,
burlara en mi desdén la antorcha mía.

miércoles, 4 de abril de 2012

Últimos Instantes



Amor competente
sosiega en secreto.
¡Amor inherente,
amor consecuente
retuerce discreto,
y frágil y quieto,
palpita sin más
consuelo de verte
a verte jamás!
Lo asusta un temor
que exhibe la muerte
sin nunca tenerte
¡a verte jamás!
Y crece el amor,
y crece el dolor
¡a verte jamás!
¿Por qué si te he visto
tan linda y tan fresca?
¿Por qué si te insisto
por suave y burlesca
del odio imprevisto…?
Y aunque oscurezca
reluces sin más…
Amor, lloraré
pues no volveré
¡a verte jamás!

jueves, 15 de marzo de 2012

Desde el Interior


Tal vez pienses que sea innecesario
por más inútil que parezca o fuese
el amor de aquel joven solitario,
el cual resiste pero no envejece.

Tal vez sientas la misma inquietud…
Es compresible, cualquiera la siente,
ya que entonces por ti su juventud
va marchitando, curiosa y demente.

A veces es difícil. Muchas veces
intentara exprimir  su corazón
y así dejar salir sin intereses
un caudal moribundo de pasión.

En sus noches, profundas, infinito
es el fastidio de su intenso horror.
Para él gritará: “¡Te necesito!”
Pero en verdad fallecerá de amor.

Dudoso, convencido en lo imposible
que es ganarte cualquier estimación,
dudoso cruzará el indescriptible
pasadizo que encierra perdición.

Así consuma inútil su existencia,
tan Solitario, demente y curioso…
Así maldice fuerte su conciencia
al entender la verdad… Tan dudoso.

Entiéndelo, por más inútil que es
sabrás siquiera que él descansará…
Lo dice el interior de su vejez,
¿y cuan bastante su alma esconderá?

sábado, 3 de marzo de 2012

Un Estigma



Me es complicado concertar la edad que poseía cuando ocurrió. Tal vez la sombra del recuerdo se desvanece con cada intento de esclarecerla, pero da igual el tiempo específico en el cual sucedió el hecho, lo único que permanece es el sello inalienable de la conmoción generada.

Un sol cegador impregnó mi faz anímica. Corría a desazón por regresar en el momento adecuado. Lo muros correspondíanse con pesaroso abrigo.

Evoco pues una época en donde un pequeño, extrañamente atiborrado de pensamientos irregulares, suponía disfrutar del espacio sagrado, para muchos, nombrado “descanso”.
Una institución, un poco confusa en cuanto a la destinación de sus áreas  era la cárcel de todo joven que ansía abandonar su jornada y concentrarse en sus diversiones. Para mí era un caudal de personas extrañas… En esa hora de libertad para jugar y desasosegarse, para mí  sólo significaba un período más.

De  la mano al desconcierto fui adentrándome en un lugar apartado de mi salón de clase. Caminaba a la intemperie. De pronto, aquella alarma que aqueja cualquier sentimiento de los que me rodeaban vibró con imponente sonido… Era el timbre de regreso a clases.
Lamentablemente, siendo el niño juicio que siempre llega temprano me vi obligado a correr como alma que lleva el diablo. Antes de esto los pasillos ya habían sido evacuados, pues me entretuve ayudando a una docente.

El viento golpeaba mi rostro con un augurio inquietante. Recuerdo subir por unos salientes del desagüe en una parte silvestre de la institución. Aquí, con improvisado esfuerzo intenté dar un salto para continuar por la acera, pero fallé.
Apunto en la velocidad a la que corría. Simplemente, el impulso con el que caí —mi rostro contra una esquina del desagüe— fue suficiente para romper mi nariz.
Recuerdo ver un intenso color rojo rodeado de un haz negro como la noche. Aturdido, me levanté… En cuestión de segundos volví a caer fulminado.  

La marca de mis emociones rondaba en la oscuridad. Al abrir mis ojos, mis pies parecían flotar. Al caer en cuenta varias personas me llevaban en brazos para la rectoría, creo que en un intento de encontrar un botiquín.
Después del azaroso suceso, en una semana accedí a una operación para que fuese enderezado mi tabique.  La zozobra posquirúrgica atenuó mi desempeño social, claro, el de asistir a la institución, y en los días siguientes padecí el tormento de los tratamientos y revisiones médicas. 

Disparidad